¿Por qué más es menos?

En el último medio siglo, el ingreso per cápita se duplicó en casi todo el mundo. La mayoría de nosotros gozamos de más confort, más abundancia y más opciones que nuestros abuelos. Pero, ¿somos más felices? Los datos de que disponemos parecerían indicarnos que no. La incidencia de los trastornos de ansiedad, la depresión y el consumo de drogas fueron aumentando en este mismo período. También lo hicieron las rupturas de parejas y la cantidad de personas que viven solas. Particularmente el crecimiento de los índices intentos de suicidio y de suicidios consumados resulta alarmante y, paradójicamente, más en los países más ricos.

 

La pregunta es ¿Cómo disponiendo de más y mejores recursos logramos resultados peores? ¿Por qué más es menos? Barry Schwartz pasó décadas formulándose esta pregunta. Las conclusiones a las que llegó podrían parecernos sorprendentes y hasta difíciles de aceptar, pero vale la pena escucharlo porque sus recomendaciones podrían cambiar nuestra forma de ver la vida y hasta, tal vez, permitirnos llevar vidas más felices.

 

Ver reportaje a Barry Schwartz en el programa “Redes” de la TVE

 

La clave está en la toma de decisiones: La naturaleza nos preparó durante millones de años de evolución para tomar unas pocas decisiones muy importantes. En el estado primitivo, nuestra supervivencia dependía de decidir correctamente en cada una de estas pocas circunstancias, es por eso que invertimos tanta energía en cada decisión. Decidíamos, por ejemplo, si atacar o huir frente a un animal demasiado grande, o si cruzar el desierto en busca de agua o quedarnos esperando una lluvia incierta. Nuestra vida siempre estaba en peligro.

 

Ahora, ¿qué pasaría si de repente nuestro medio ambiente cambia, se vuelve mucho más seguro pero aumentan enormemente la cantidad de decisiones que tenemos que tomar? Lo que pasaría lo sabemos porque efectivamente es lo que pasó: posiblemente seguiríamos invirtiendo en cada decisión el máximo de nuestra energía sin tener en cuenta que nuestra vida ya no está en peligro, ni que tendremos que tomar antes y después miles de decisiones de la misma jerarquía. Si hiciéramos esto terminaríamos agotados y muy probablemente caeríamos en la angustia, la depresión y hasta podríamos llegar a la ideación suicida. Es exactamente lo que nos está pasando.

 

Las propuestas de Barry Schwartz para evitar caer en esta trampa son simples:

  1. Nunca pretendamos elegir lo mejor, con lo satisfactorio es suficiente. Desde ya que no es lo mismo elegir una camisa o una profesión, pero en ambos casos elegir lo mejor demanda una energía infinita por lo que es básicamente inalcanzable. Debemos aceptar que nuestra decisión nunca será perfecta.

  2. Tomemos decisiones irreversibles. Si después de elegir una camisa, una profesión o la pareja para el resto de nuestra vida seguimos evaluando opciones, el estrés que provoca el proceso de decisión será interminable. La clave en todos los casos está en el compromiso. A no ser que haya causales que impidan sostener el compromiso, en cuyo caso se tratará de una nueva decisión.

  3. Apreciemos constantemente lo que tenemos. Todos tenemos algo para agradecer, pero en lugar de hacerlo solemos compararnos con aquellos que tienen lo que nosotros no tenemos. Hacerlo no solo no mejora nuestra situación sino que nos condena a la infelicidad y a vivir en un estado de miseria que sólo está en nuestra imaginación.

Muchos tildaron a Barry Schwartz de conformista o de estar en contra de la libertad que es un valor consagrado por nuestra cultura, pero el hecho de que pongamos menos energía en cada decisión y de que en forma autónoma decidamos limitar la cantidad de opciones que estamos dispuestos a estudiar no nos hace menos libres sino todo lo contrario, libera nuestra energía para las cosas realmente importantes; y no es conformismo, hay estudios que muestran cómo las decisiones que se toman en forma más relajada suelen ser mejores que aquellas demasiado estudiadas.

 

Si abandonamos el objetivo de la perfección en cada una de nuestras decisiones estaremos más dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos nuestros errores, que es el primer paso para poder entender y perdonar los errores ajenos y, en definitiva, mejorará nuestras relaciones con otras personas que son lo único que nos traerá felicidad genuina. Pero si el perfeccionismo se ha transformado en un problema en su vida al punto de generarle estrés, ansiedad y tal vez ideaciones suicidas, no dude en buscar ayuda y, por supuesto, está a su disposición nuestra Línea de asistencia al suicida.

 

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.

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Línea de prevención del suicidio: 135 (linea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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