Del círculo vicioso de la depresión a la ideación suicida

 

 

Seguramente, la depresión clínica existe desde siempre, pero solo recientemente ha sido reconocida como enfermedad y se han propuesto tratamientos efectivos.

 Es, sin duda, el trastorno de salud mental más extendido afectando aproximadamente al 20% de las mujeres y al 10% de los hombres en algún momento de sus vidas (Segal, Williams Y Teasdale). La depresión altera las emociones, afecta la capacidad para pensar con claridad, socava la motivación para actuar y modifica el funcionamiento corporal produciendo cambios en los niveles de ansiedad, la alimentación y el sueño.

A los sentimientos de falta de control y baja autoestima que son muy frecuentes en la depresión, se le pueden sumar fantasías de muerte o desaparición y pensamientos suicidas.

 

Entre los tratamientos propuestos para la depresión, desde principios del siglo pasado, se desarrollaron varios fármacos (antidepresivos) que demostraron ser muy efectivos en la remisión de los síntomas, no obstante la frecuente recurrencia del trastorno refuerza la idea de que los antidepresivos solo eliminan los síntomas pero no las supuestas causas de los episodios.

 

Entre los años 1960 y 1970 Arthur Beck desarrolló un modelo terapéutico basado en la modificación de los esquemas de pensamientos. Hasta ese momento, se consideraba que los pensamientos negativos eran un síntoma superficial de un trastorno originado por un desequilibrio biológico o un conflicto. Arthur Beck propuso que aunque las causas originales del trastorno fueran estas, el orden causal podría invertirse. Es decir, los pensamientos negativos, aunque no fueran la causa original de la depresión, pueden ayudar a mantener en el tiempo un estado de ánimo depresivo. La terapia cognitiva nos enseña a “atrapar” y confrontar cualquier pensamiento negativo que altere nuestro estado de ánimo. El entrenamiento en este tipo de habilidades demostró ser tan efectivo como la farmacoterapia en la remisión de los síntomas y prevenir mejor las recaídas.

 

Arthur Beck había desenmascarado el círculo vicioso de la depresión en el que la angustia y la tristeza generan pensamientos de fracaso, pérdida, inutilidad o rechazo, y estos realimentan las emociones negativas; y además había encontrado la forma de desarmarlo modificando el modo de pensar y las creencias que lo sustentan. Sin embargo, las recaídas seguían y siguen siendo un problema, y por eso estudios posteriores se centraron en la vulnerabilidad a la depresión. Dicho de otra manera: ¿por qué algunas personas son más propensas a caer o a recaer en episodios de depresión?

 

En la década de los ’90 Nolen-Hoeksema y colegas estudiaron los estilos de respuesta cognitivos. Encontraron que algunas personas, frente a un problema dedican mucho tiempo al análisis de sus propios sentimientos (estilo de pensamiento rumiativo). Paradójicamente, estas personas piensan que dándole más vueltas a sus conflictos conseguirán entender lo que les pasa y superar sus estados de ánimo depresivos; sin embargo, ocurre todo lo contrario.

 

El estilo de respuesta rumiativo se convierte en otra forma de alimentar el círculo vicioso de la depresión e incluso puede conducir a pensamientos suicidas, mientras que quienes se enfocan en buscar soluciones a sus problemas concretos corren menos riesgo.

En base a estas y otras evidencias, Zindel Segal, Mark Williams y John Teasdale desarrollaron la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness (TCBM) para el tratamiento preventivo de la depresión donde además de las habilidades para detectar y confrontar los pensamientos que se entrenan en la terapia cognitiva convencional, se pone especial énfasis en el entrenamiento de la capacidad de atención para mejorar el estilo de respuesta cognitiva.

 

Por ejemplo, un cadete que está llegando tarde al banco por un embotellamiento de transito puede pensar: “voy a llegar tarde, tendría que haber salido antes, siempre hago lo mismo, si sigo cometiendo estos errores me van a echar del trabajo, me lo merezco porque soy un inútil”; o una mujer que se acaba de despertar por la mañana sin ganas de levantarse de la cama puede pensar: “otra vez no tengo ganas de hacer nada, nunca voy a superar esto, la verdad es que vivir así no tiene sentido, etc.”

 

El estilo de pensamiento rumiativo siempre propone una interpretación catastrófica, culpa de estos hechos terribles, reales o imaginarios, al propio sujeto o a otros con juicios muy severos, es difícil de anticipar e incluso de detectar mientras está ocurriendo (pensamientos automáticos), y va acompañado de intensas emociones negativas como culpa o enojo, y de sensaciones corporales como tensión muscular u opresión en el pecho.

 

El método que plantean los autores para lidiar con este estilo de pensamiento, parte de dos premisas básicas que, aunque son evidentes en sí mismas, no es fácil tenerlas siempre presentes:

 

1- “Los pensamientos no son hechos”: aunque nuestros pensamientos están basados en datos de la realidad, la mente completa la información con interpretaciones subjetivas que le otorgan sentido a la percepción, pero que además dependen de nuestro estado de ánimo; es decir, lo que pensamos ahora sobre un determinado hecho podría cambiar si nuestro estado de ánimo fuera otro.

2- “Nuestros pensamientos, emociones y sensaciones corporales no nos definen”: cuando alguien se siente deprimido o piensa que es un inútil, no es un depresivo o un inútil, simplemente está atravesando estados mentales que lo hacen sentir y pensar así.

 

En base a esto, lo que la TCBM nos propone es:

  • Que entrenemos nuestra atención para poder detectar a tiempo cuando estamos siendo arrastrados por una corriente de pensamientos, emociones y sensaciones corporales.

  • Que cuando el pensamiento rumiativo aparezca, no tratemos de detenerlo ni evadirnos de él y ni siquiera juzgarlo como algo que no debería estar sucediendo. Démosle la “bienvenida” a estos pensamientos, emociones y sensaciones incomodas, aceptando que es lo que nos está pasando en este momento y observando todo el proceso: cómo llega y cómo lentamente se desvanece, sin que nos arrastre en su corriente. Esto puede parecer difícil y, de hecho, también requiere entrenamiento, pero una vez que lo identificamos y lo observemos, el pensamiento rumiativo ya no nos sorprende con sus trucos; es como ver la misma película varias veces, al final ya no hay nada que nos sorprenda.

 

Si bien la depresión no siempre implica ideación suicida, son evidentes las similitudes en los esquemas y estilos de pensamiento de las personas que sufren depresión recurrente y de aquellas que padecen ideación suicida, por ello la TCBM ya se está empleando en el tratamiento de personas con ideación suicida recurrente.

 

 

Fuente:  Zindel Segal, Mark Williams y John Teasdale. Terapia cognitiva basada en Mindfullness para  la depresión.

 

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.
 

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