Julio Cesar Toresani: Pesar y aprendizajes

 

Esta semana el mundo del deporte argentino se vistió de luto por la pérdida de uno de sus ídolos. Julio Cesar Toresani fue encontrado muerto, aparentemente por suicidio.

 

Como es costumbre en nuestros artículos no comentaremos los detalles del caso ni intentaremos explicar, y mucho menos justificar, lo sucedido en base a supuestas "causas", pero sí consideramos útil reflexionar sobre las circunstancias generales que rodearon el hecho para aprender más sobre la prevención del suicidio. Más aún cuando circunstancias similares podrían alcanzar a muchas personas y en algún sentido a todos nosotros.

 

Si bien las crisis que atraviesa cada persona son únicas, las llamadas "crisis vitales" guardan considerables similitudes para todas las personas. La adolescencia y la vejez son las crisis vitales que estadísticamente reflejan mayor correlación con el suicidio. En ambos casos, además de las transformaciones biológicas propias de cada edad, se producen profundos cambios en los roles sociales; en un caso por la pérdida de la infancia y los cuidados familiares para incorporarse al mundo más competitivo de los adultos, con los miedos y las frustraciones que ello conlleva; y en el otro por la jubilación o el retiro que muchas veces van acompañados por la pérdida del reconocimiento social, capitalizado con esfuerzo en los años productivos, y otras pérdidas materiales o afectivas. En los dos grupos etarios, los índices de suicidio son mucho más altos que en otras etapas de la vida, por lo que surge la necesidad de preparar a nuestros hijos para transitar la adolescencia y prepararnos a nosotros mismos para afrontar el envejecimiento y el retiro.

 

La vida productiva de los deportistas de élite es particularmente corta y competitiva. Muchos de ellos logran reinventarse en otras actividades relacionadas al deporte, y ese fue el caso de Toresani, pero al dejar atrás la juventud comienza una etapa de pérdidas y el recuerdo de las glorias pasadas puede acentuar esta sensación.

 

Lo que decimos para los deportistas de alta competición también es válido, aunque con otros plazos, para todas las personas. La sensación de estar envejeciendo, de no poder hacer las cosas que hacíamos antes, de no gozar del reconocimiento social que alguna vez tuvimos o de ir perdiendo paulatinamente posesiones y relaciones que tanto trabajo nos costaron es algo que a todos nos va a tocar en algún grado si llegamos a la edad suficiente. Sin embargo, también es cierto que hay quienes, aun habiendo sufrido grandes pérdidas, llevan su edad avanzada con aire de dignidad y muy buen ánimo. Algo aprendieron estas personas durante sus vidas y observándolas podemos aprender de ellas.

 

Las personas que logran llevar vidas apacibles en medio de las inevitables pérdidas de la vejez suelen no apegarse demasiado a los bienes ni a las relaciones, aceptan que todo en la vida es transitorio y saben adaptarse a las pérdidas porque, por lo general, están enfocadas en una causa o un objetivo que las trasciende: puede ser la familia, la religión, la acción comunitaria, el arte, el deporte o cualquier otra cuestión que las entusiasme. Esta actitud, y las habilidades sociales necesarias para ponerla en práctica, no son algo que surge espontáneamente al llegar a la vejez, sino que son elaboradas durante la vida activa, y tal vez esa sea la mejor inversión que podemos hacer para nuestro retiro.

 

Frente a la muerte por suicidio de una persona retirada, como pudo ser el caso de Toresani,  queda acompañar a los deudos en su dolor. Pero además, el hecho trágico debe servirnos a todos para reflexionar sobre nuestra propia filosofía de vida: qué propósitos nos mueven y a qué le otorgamos importancia; un envejecimiento y retiro feliz es posible, pero debemos comenzar a construirlo ahora mismo.

 

Si alguna de las cuestiones aquí tratadas le genera excesiva preocupación o angustia no dude en llamar a nuestra Línea de Asistencia al Suicida.

 

Ver también reflexiones de Diego Latorre en La Nación.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.
 

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Línea de prevención del suicidio: 135 (linea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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