Cada vez más personas se animan a hablar de sus pensamientos suicidas abriendo caminos para la prevención

El pensamiento suicida aún es visto por muchas personas como un signo de debilidad o enfermedad mental. Tal vez por eso la mayoría lo ocultan, incluso frente a sus relaciones más cercanas; muchos ni siquiera hablan de sus fantasías suicidas con sus terapeutas. Sin embargo, el pensamiento suicida es mucho más frecuente de lo que imaginamos y no poder hablar de ello bloquea oportunidades para pedir ayuda por lo que, en realidad, aumenta el riesgo.

 

Por suerte, cada vez más personas se animan a hablar, incluso en público, de lo que sienten y de los pensamientos que tienen o tuvieron respecto del suicidio. Hacerlo, no solo nos muestra más humanos y nos habilita la probabilidad de recibir ayuda, sino que contribuye a desarmar el estigma social que pesa sobre el suicidio e invita a otros a que también puedan hablar. En este sentido, debemos agradecer especialmente a las personas famosas que cada vez con más frecuencia se animan a contar cómo llegaron a pensar en el suicidio y cómo pudieron superar esos momentos de desesperanza.

 

La semana pasada en Incorrectas, el programa de actualidad que conduce Moría Casan, en medio del ambiente informal que caracteriza ese espacio, el actor Víctor Laplace contó cómo el destierro lo llevó al abuso de sustancias y a pensar en el suicidio, y cómo pensar en su hijo fue el hilo que lo volvió a conectar con el mundo y con la vida. Su historia, y el hecho de que la pudiera contar con tanta entereza, lejos de mostrarnos debilidad, nos habla de su coraje e inspira esperanza.

 

Ver informe en América.

 

Sabemos que el pensamiento suicida seguirá siendo mal visto por mucho tiempo y que aún falta mucho para que todos se animen a contar sus experiencias, al menos en círculos íntimos o de confianza, pero el ambiente artístico demostró en el pasado que tiene la capacidad de visibilizar problemas y motorizar cambios sociales profundos, como lo hizo en las luchas por la inclusión social de las orientaciones sexuales minoritarias o contra la violencia de género, por citar algunos ejemplos.

 

Confiamos en que también frente al estigma social del pensamiento suicida el cambio sea posible. Y creemos que es necesario, ya que hablar puede ser el primer paso en la búsqueda de alternativas. Por eso, ponemos a disposición de todos aquellos que necesiten hacerlo en un ambiente de confidencialidad y anonimato nuestra Línea de Prevención del Suicidio.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.
 

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Línea de prevención del suicidio: 135 (linea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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