¿Demasiado inteligente para ser feliz?

 

Tener una inteligencia superior a la media es generalmente visto como una ventaja en la vida, y ciertamente debería serlo; sin embargo, en muchos casos es motivo de aislamiento, inseguridad, angustia, desesperanza y pensamientos suicidas.

 

Jeanne Siaud-Facchin, en su libro ¿Demasiado inteligente para ser feliz? nos muestra el lado oscuro de la inteligencia superior que puede comenzar a edades muy tempranas por el aburrimiento del niño en clase al no encontrar desafíos acordes a sus capacidades; luego, el aislamiento, la burla, y a veces el bullying o acoso escolar por parte de los compañeros; pero lo más grave es la propia autoexigencia o la exigencia de los padres y docentes internalizada por el niño con capacidades superiores.

 

El caso de Clémence, una adolescente de 16 años relatado por Jeanne puede ilustrarnos sobre la profundidad de este drama:

 

"Siempre ha sido una buena alumna. Pero también ha dudado siempre de sí misma, como suele suceder con los superdotados que se ponen constantemente en cuestión y se fijan en cada defecto y en cada uno de sus puntos débiles. Sin embargo, es cierto, siempre ha tenido éxito. Aunque ahora, en la adolescencia y cuando se acerca el momento de tomar decisiones importantes para su vida, su miedo se vuelve inconmensurable y su malestar narcisista ingobernable, sus padres la apoyan incondicionalmente. Los intentos de suicidio, los episodios anoréxicos, el malestar en clase y los desmayos inexplicables e inexplicados por los médicos no desgastan la confianza absoluta de sus padres y sumen a Clémence en un infernal caos interior. Para ayudarla, sus padres le dicen sin cesar: «No te pongas nerviosa, se te pasará, ya verás cómo lo consigues...». Clémence se siente desesperadamente sola ante sus problemas. ¿Qué hacer entonces, si animar a nuestros hijos se convierte en una fuente de angustia para ellos aunque sepamos cuánto necesitan esos niños que se los valore y se los estimule?"

 

Sin duda es un delicado equilibrio: valorar sin sobreexigir. Pero es muy importante poder encontrarlo. La clave también nos la da la autora: acompañar.

 

"Acompañar es tomar de la mano y mostrar caminos. No es empujar ni tironear".

 

Lamentablemente, no todos los niños, niñas y adolescentes con altas capacidades disponen de este tipo de acompañamiento, muchos llegan a la edad adulta con un sinnúmero de heridas y frustraciones acumuladas; a pesar de eso, también ellos tienen oportunidades de cambio. Y Janne las resalta:

 

"No se puede decir simplemente: para estar bien hay que proponerse estar bien... Y, sin embargo, es –casi– verdad. Cuando se ha tenido una infancia caótica de la que se sale debilitado, herido y sintiéndose solo para afrontar el futuro; cuando se ha perdido la esperanza de ser amado y aceptado; cuando todo parece confuso... no todo está perdido, porque el cerebro acudirá una vez más al rescate."

 

Jeanne justifica su optimismo no solo en lo que ha visto en sus propios pacientes sino en dos conceptos de base científica: la resiliencia y la plasticidad neuronal.

 

La resiliencia es esa capacidad maravillosa de otorgarle sentido a nuestro infortunio transformándolo en una enseñanza que mejore nuestro futuro. Todos tenemos esta capacidad, aunque algunos aun no la hayan explorado lo suficiente.

 

El descubrimiento de la plasticidad neuronal desarma el mito de que somos prisioneros de nuestros primeros seis años. Durante toda la vida podemos aprender actitudes positivas y habilidades sociales que nos permitan vivir mejor. Especialmente las personas más inteligentes pueden hacerlo.

 

El nuestra Línea de Asistencia al Suicida somos testigos de los dramas vitales que sufren personas realmente inteligentes que aún no encuentran la forma de usar sus propios recursos a su favor, para que la inteligencia deje de ser un obstáculo y se convierta en un aliado. La escucha empática y el acompañamiento en la reflexión

pueden ser el primer paso en este camino.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.

 

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Línea de prevención del suicidio: 135 (linea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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